La entrega del Premio Nobel de la Paz 2024 tuvo uno de los momentos más emotivos y políticamente simbólicos del año: la líder opositora venezolana María Corina Machado, quien lleva meses en la clandestinidad, dedicó el galardón a los “héroes anónimos de la resistencia” en un discurso que estremeció al mundo, leído en su nombre por su hija, Ana Corina Sosa Machado, en el Ayuntamiento de Oslo.
“Venezuela volverá a respirar. Abriremos las puertas de las cárceles y veremos salir el sol para miles de inocentes que fueron encarcelados injustamente…”, expresó Machado en una de las frases más potentes de su mensaje, recalcando que la lucha por la democracia sigue viva pese a la represión y el exilio.
Un discurso marcado por una sola palabra: libertad
La ausencia física de Machado no impidió que su voz dominara la ceremonia. Su discurso, centrado en la palabra “libertad”, repasó la historia democrática de Venezuela, la devastación institucional de las últimas dos décadas y la resistencia ciudadana ante la crisis.
Recordó que Venezuela fue pionera en la región al consagrar libertades fundamentales en su Constitución, y lamentó cómo estos pilares fueron erosionados desde 1999:
“Desde 1999, el régimen se dedicó a desmantelar nuestra democracia: violó la Constitución, falsificó nuestra historia, corrompió a las Fuerzas Armadas, purgó a los jueces independientes, censuró a la prensa, manipuló las elecciones, persiguió la disidencia y devastó nuestra biodiversidad”.
También revivió la gesta electoral de 2024, en la que apoyó a Edmundo González Urrutia, a quien la oposición reconoce como el verdadero ganador con el 66% de los votos.
Y volvió a su mayor anhelo político y emocional: el regreso de los venezolanos que emigraron.
“Pronto presenciará una de las imágenes más conmovedoras de nuestro tiempo: el regreso de los nuestros a casa”.
La aparición que nadie esperaba
Aunque no llegó a tiempo a la ceremonia, la sorpresa mundial llegó horas después: Machado sí logró llegar a Oslo.
En la madrugada del viernes, cansada pero sonriente, salió al balcón del Grand Hotel para saludar a decenas de venezolanos que la esperaban con banderas, canciones y lágrimas. Allí cantó el himno nacional, la mano en el pecho, protagonizando su primera aparición pública desde enero.
El presidente del Comité Nobel Noruego, Jørgen Watne Frydnes, confirmó minutos antes la noticia:
“María Corina Machado ya está en Oslo y de camino para llegar acá”.
Su llegada, celebrada por seguidores y activistas, cerró un capítulo de incertidumbre sobre si podría salir de Venezuela o volver a entrar tras recibir el premio.
La odisea de 9 mil kilómetros para llegar a Oslo
El viaje que permitió a Machado aparecer en el balcón del hotel fue digno de un thriller geopolítico.
Según plataformas de rastreo aéreo y reportes de analistas:
- Habría salido por vía marítima hacia Curazao, burlando la vigilancia del gobierno de Nicolás Maduro.
- Desde la isla, abordó un avión privado Legacy 600, matriculado en México y operado por JetVip Business Aviation.
- El vuelo hizo escala técnica en Bangor, Maine, antes de completar los casi 9 mil km hasta la capital noruega.
- Machado llegó a Oslo tres días después de lo planeado, complicación atribuida a obstáculos para salir de su país y a la incertidumbre de su retorno.
La imagen de su llegada y posterior saludo desde el balcón se convirtió en un símbolo del momento histórico que vive Venezuela: una mezcla de esperanza, resistencia y vulnerabilidad.
El sueño que ella dice que todavía falta por cumplir
En otra cita que conmovió a los asistentes, Machado prometió estar presente el día en que los venezolanos regresen del exilio:
“Venezuela volverá a respirar […] y estaré en el puente Simón Bolívar, donde una vez lloré entre los miles que se iban, para recibirlos de vuelta”.
Una frase que ya circula ampliamente en redes sociales y que algunos seguidores han convertido en símbolo del “día que vendrá”.