José “Pepe” Mujica: la muerte del presidente más humano

Este martes, a los 89 años, falleció José “Pepe” Mujica, el exguerrillero tupamaro que llegó a convertirse en presidente de Uruguay y en símbolo mundial de la política austera y humanista. Con su partida, se va también una de las figuras más singulares, complejas y admiradas de la política latinoamericana contemporánea.

Mujica murió en su querida chacra de Rincón del Cerro, donde vivió toda su vida adulta con su esposa, la también exguerrillera y política Lucía Topolansky. Allí mismo —según su último deseo— será enterrado, junto a Manuela, su inseparable perra de tres patas, símbolo de su vida sencilla y su filosofía sin adornos.

De la guerrilla a la presidencia

Nacido en Montevideo en 1935, Mujica vivió desde joven marcado por la lucha política. Fue uno de los fundadores del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), una guerrilla urbana inspirada por la revolución cubana que durante los años 60 y 70 ejecutó asaltos, secuestros e incluso fugas masivas de prisión. Mujica mismo fue capturado cuatro veces, recibió seis disparos, y pasó más de 14 años en la cárcel, buena parte de ellos en aislamiento, donde sobrevivió hablando con hormigas y enfrentando los límites de la locura.

En 1985, con la restauración democrática, fue liberado por una amnistía. De ahí en más, comenzó una segunda vida: la del político democrático. Fue diputado, senador, ministro de Ganadería, y en 2010, presidente de la República Oriental del Uruguay.

Un presidente atípico

Durante su presidencia (2010–2015), Mujica se negó a mudarse a la residencia presidencial. Siguió viviendo en su humilde casa de las afueras de Montevideo, con pocos bienes materiales, sin seguridad excesiva ni servicio doméstico, y conduciendo su ya mítico Volkswagen escarabajo de 1987.

Rechazó el apodo de “el presidente más pobre del mundo”, y explicó en su estilo directo: “Pobres son los que quieren más, los que no les alcanza nada. Esos son pobres, porque se meten en una carrera infinita”.

Su mandato se destacó por el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y una agenda de reformas sociales progresistas. Bajo su liderazgo, Uruguay legalizó el aborto, aprobó el matrimonio igualitario y se convirtió en el primer país del mundo en regular el mercado de la marihuana.

Filosofía de vida y legado internacional

Mujica se convirtió en un fenómeno global gracias a su estilo de vida austero, sus discursos sinceros y su mirada crítica sobre el modelo de desarrollo actual. Su intervención en la cumbre Río+20 de la ONU en 2012 fue viral: “El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad humana… de cuidar a los hijos, de tener amigos, de amar”.

Aunque nunca usó redes sociales, sus frases circulaban como mantras entre jóvenes y activistas en todo el mundo.

En 2013, la revista Time lo incluyó entre las 100 personas más influyentes del mundo. The Economist nombró a Uruguay “el país del año”. E incluso un jeque árabe llegó a ofrecerle un millón de dólares por su escarabajo, oferta que él rechazó con una sonrisa.

La despedida de un símbolo

En abril de 2024, Mujica anunció públicamente que tenía cáncer de esófago. Tras recibir radioterapia y una dolorosa recuperación, en enero de 2025 confirmó que la enfermedad había hecho metástasis. Declinó más tratamientos y pidió que lo dejaran pasar sus últimos días en paz, en su chacra, trabajando la tierra.

Pero ni la enfermedad ni el retiro lograron alejarlo por completo de la vida política. Poco antes de morir, su delfín político, Yamandú Orsi, ganó la presidencia de Uruguay. Mujica pudo asistir a su toma de posesión y ver cómo su espacio político —el Movimiento de Participación Popular— se convertía en la fuerza mayoritaria del Parlamento.

“Siempre pensé que el mejor dirigente no es el que hace más; es el que deja una barra que lo supera con ventaja”, reflexionó en su última entrevista a BBC Mundo. Y vaya si lo hizo.

Un final sereno

“Hasta acá llegué”, dijo Mujica en su despedida. Se va dejando una lección de vida, no sólo de política. En su libro Una oveja negra al poder, dejó una última reflexión sobre la muerte: “No vivas temblando frente a la muerte. Acéptala como los bichos del monte. El mundo va a seguir dando vueltas”.

José “Pepe” Mujica no fue un político más: fue una forma de entender la vida. Su historia, que parece más una novela que una biografía, ya pertenece a la memoria colectiva de América Latina y del mundo.