El pasado domingo, Adrien Brody se convirtió en el gran protagonista de la 97.ª edición de los Premios Óscar al ganar su segunda estatuilla como Mejor Actor por su impactante interpretación en The Brutalist. Un triunfo que no solo reivindica su talento tras más de dos décadas de espera, sino que también dejó un momento para la historia con el discurso más largo registrado en la gala, según The Hollywood Reporter.
El regreso de un grande
A pesar de que Timothée Chalamet parecía ganar fuerza en las apuestas previas, Brody se llevó la victoria sobre Colman Domingo (Las vidas de Sing Sing), Sebastian Stan (The Apprentice), Chalamet (A Complete Unknown) y Ralph Fiennes (Cónclave). Su victoria no sorprendió del todo, ya que venía de arrasar en la temporada de premios, aunque el SAG Award había dejado la competencia abierta.
En su emotivo discurso de agradecimiento, Brody comenzó con humildad, reconociendo los altibajos de su carrera y el privilegio de poder seguir actuando. “La actuación es una profesión frágil, aunque luzca glamurosa. Lo que hace especial esta noche es que soy consciente de ello y de que todavía puedo hacer el trabajo que amo”, expresó conmovido.
Sin embargo, el momento más poderoso llegó cuando el actor hizo un llamado a la memoria histórica y la lucha contra el odio. “Estoy aquí por representar traumas de la guerra, de antisemitismo, de racismo, y creo y rezo por un mundo más inclusivo. Que el pasado nos recuerde que el odio no puede normalizarse”.
Un papel con raíces personales
En una entrevista con Excélsior, Brody habló sobre la conexión personal que sintió con su personaje, el arquitecto húngaro László Toth. Criado en Nueva York en una familia de origen polaco y húngaro, el actor reveló que la historia de The Brutalist le recordó las experiencias de su madre, la fotógrafa Sylvia Plachy, quien emigró a Estados Unidos como refugiada tras la revolución húngara de 1956. “Me emocioné por completo cuando leí el guion, porque entiendo de cerca las dificultades que enfrentan los inmigrantes”, compartió Brody.
Además, destacó la influencia del formato VistaVision en la película, una técnica cinematográfica utilizada en los años 50 y 60 que, según él, añadió una capa de autenticidad al filme. “El tono es muy análogo, la cámara sola suena como una máquina de coser gigante que te transporta al pasado”, explicó.
Un récord para la historia
Más allá del reconocimiento a su talento, Brody también se llevó otro hito en la gala: pronunció el discurso de agradecimiento más largo en la historia de los Óscar. Con una duración de cinco minutos y 40 segundos, superó por 10 segundos el récord que ostentaba Greer Garson desde 1943. Incluso, cuando la música de la ceremonia intentó interrumpirlo, el actor bromeó: “Estoy terminando, ¡apaguen la música! Ya he hecho esto antes, gracias. No es mi primera vez”.
¿Un nuevo capítulo para Brody?
Después de este triunfo, las expectativas sobre su futuro están más altas que nunca. ¿Podría este segundo Óscar marcar una nueva etapa en su carrera, con más papeles memorables sin esperar otros veinte años? Por ahora, Brody ha dejado claro que su legado va más allá de la actuación: busca contar historias que importen y que resuenen con el presente.
Habrá que esperar para ver cuál será su próximo gran proyecto, pero una cosa es segura: esta vez, Adrien Brody no se irá a la sombra del olvido tan fácilmente.