El mundo despide a una de las figuras más influyentes de la Iglesia católica en el siglo XXI. El Papa Francisco, primer pontífice latinoamericano y un reformador incansable, falleció a los 88 años dejando una huella imborrable no solo en los fieles, sino en la humanidad entera. Su partida ha movilizado a millones y ha despertado muestras de duelo desde cada rincón del planeta.
Un adiós sin pompa, pero lleno de devoción
Fiel a sus convicciones de humildad, Francisco pidió en vida un funeral sin ostentación. Su féretro, sencillo y de madera, se encuentra desde este martes en la capilla de la Casa Santa Marta, donde vivió sus últimos doce años de pontificado. Ahí, su cuerpo fue preparado cuidadosamente para un velatorio de tres días. Un meticuloso proceso de embalsamamiento, propio de las técnicas modernas, permitió que los fieles pudieran despedirse del Papa con una imagen serena y en paz.
El funeral se celebrará el sábado 26 de abril en la Plaza de San Pedro, presidido por el cardenal Giovanni Battista Re. Sin embargo, su descanso eterno no será en el Vaticano, sino en la Basílica de Santa María la Mayor, cumpliendo su deseo de reposar junto al ícono de la Virgen que tanto veneró. Será el primer Papa en más de un siglo que no será sepultado en la cripta papal del Vaticano.
“Deseo que mi último viaje terrenal culmine precisamente en este antiguo santuario mariano, donde siempre me detenía a orar al principio y al final de cada Viaje Apostólico”, escribió Francisco en su testamento.
El Papa de la gente
Desde su elección en 2013, Jorge Mario Bergoglio dejó claro que sería un Papa diferente. Su famosa frase “Quiero una Iglesia pobre y para los pobres” se convirtió en brújula para su pontificado. Su legado está marcado por la inclusión, la crítica abierta a la desigualdad y su constante llamado a la paz en un mundo dividido.
Su última aparición pública fue el Domingo de Pascua, apenas unas horas antes de su fallecimiento. Desde la Plaza de San Pedro, observó con ojos cansados cómo un clérigo leía su mensaje final de Pascua, en el que invitó al mundo a renovar la esperanza y la confianza en el prójimo, incluso en aquel que es diferente.
El mundo llora a un líder espiritual sin fronteras
Las reacciones a su muerte no se hicieron esperar. Desde el presidente de Argentina, Javier Milei, hasta líderes del Medio Oriente, Asia y Europa, las condolencias inundaron las redes sociales y medios oficiales. Emmanuel Macron, Vladimir Putin, Joe Biden, Narendra Modi y muchos más coincidieron en describirlo como un hombre de paz, justicia y compasión.
El Rey Carlos III recordó su reciente encuentro con él y su constante defensa del medioambiente como una forma de vivir la fe. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo definió como una guía moral para un mundo más justo. Y desde Tierra Santa, tanto el presidente israelí Isaac Herzog como el palestino Mahmoud Abbas lo despidieron como un “símbolo de tolerancia y esperanza”.
Un legado que trasciende la fe
Francisco no solo fue el líder de más de mil millones de católicos. Fue también un referente ético y político, una voz profética en tiempos de crisis y un defensor de los más vulnerables. Sus palabras resonaban más allá de las iglesias: en hospitales, campos de refugiados, cumbres climáticas y prisiones.
A su muerte, el mundo pierde a un pastor, pero gana una figura eterna en la historia espiritual de la humanidad. Como dijera el Arzobispo de York, “Caminemos juntos, trabajemos juntos, recemos juntos”, un llamado que sintetiza la esencia de Francisco y el eco de su pontificado.
El Papa de la sencillez. El Papa de los pobres. El Papa del mundo.
Hoy, descansa en paz.